Mi pequeño homenaje a Rosalía de Castro. Día das letras galegas


I

Estaba molesta consigo misma, aparte de fastidiada.

Sus planes casi nunca salían como deseaba y parecía que esa era la consigna en su ya largo caminar, así que ya pocos planes hacía.

Había vivido quizá demasiado aprisa, se había rebozado tal vez en demasiado fango y a pesar de todo le seguía costando decir que No.

El caso es que le gustaba escribir, sobre todo poesía y su musa, la persona en la que siempre pensaba cuando sus dedos buscaban con prisa un bolígrafo para poder emborronar las hojas de un blog, que casi siempre terminaba arrugado y sobado en la esquina de cualquier bolso o de algún mueble de su casa de papel. Era ella, la que la elevaba  al cielo, su amiga, Rosalía de Castro, si, su amiga, aunque ella no lo supiera, siempre la tenía en mente.

Vivía en condiciones bastante precarias a sus cincuenta y algunos años, después de un divorcio y de haber defendido un negocio, junto con el que fue compañero de camino durante mas de una veintena de 365 días, no quería echar cuentas; sin duda eran muchos días.

Mo, así llamaban a la protagonista de esta historia, vivía de una ayuda del estado y de algún trabajo que hacía en eso que llaman dinero negro, cuidando enfermos en hospitales o en domicilio. Vivía sola, pagaba una vivienda y cada día pensaba en el milagro de llegar al siguiente pudiendo comer.

Una crisis preocupante y larga afectaba a su país y en el tiempo se hacía eterna.

Veía como iban cayendo personas que conocía de toda la vida y que siempre habían trabajado, de repente se quedaban en la cuneta, sin casa y con hijos que mantener, o simplemente, solos y demasiado mayores para encontrar un nuevo camino… Cansados de luchar y sin poder comprender que sucedía.

Ella pensaba que en nada sería la siguiente, porque ya nadie la llamaba para cuidar enfermos, ni siquiera había dinero para eso, la familia adoptaba al familiar caído en la desgracia de la sin salud y con su paga de jubilado, le iban sacando adelante a él y a ellos mismos como podían.

Así estaban las cosas en España, así las vivía y las veía el ciudadano de a pié, pero… Los políticos decían que ya todo iba bien y resulta que personas que habían trabajado toda la vida rebuscaban en los contenedores algo de comida. A Mo le llamó la atención que por pretender comer aunque fuese una raspa de sardina el estado les impusiera una multa…

Que contransentido, no tenían ni para un cartón de leche y les ponían una multa mayor que la de permitirse una cena en el mejor restaurante de su ciudad…

Esa era la clase de cerebros pensantes que teníamos por gobernantes.

 

Ya estaba divagando, entre su gripe, su ciática y enfadada porque se acercaba el fin de semana y una amiga la había invitado a conocer la casa donde había nacido Rosalía de Castro.

Hacía mucho tiempo que quería ir, pero por un motivo u otro, no le había sido posible, pero de esta vez iría, aunque fuese a la pata coja, lo necesitaba… Necesitaba sumergirse en su espacio en el espacio que ella limpió y dibujó con mimo, en cada rincón donde ella había respirado, donde tantas horas de lectura habría sumado y donde tantas letras había consumado. Si, consumado, porque cada una de ellas era una vivencia del cuerpo y del alma, que ella paría con la seguridad de que cada poema era como un hijo nuevo que traía al mundo.

Amaba a Rosalía. Mujer luchadora y culta, con una sensibilidad que la había hecho infeliz a lo largo de toda su vida y Mo tenía la sensación de que ni en su lecho de muerte la dama infelicidad la abandonó.

Mo, era una utópica y sentía en sus propias carnes como se vive siendo sensible y esperando milagros que la vida no regala, milagros que no llegan y que si por casualidad alguno se acerca, se cobra con creces el favor… Pero aún así… Ella seguía esperando un milagro…

Recordaba un día en un paseo por el parque que lleva su nombre, en Lugo, donde había nacido, en un un rincón se podía leer un poema anónimo. Plegaria al árbol y que Mo solía leer siempre que se acercaba dando un paseo… Uno de los maravillosos versos, decía así… El refugio bondadoso de los pájaros…

 

Uno de esos días y justo leyendo esa estrofa, plof, un “bondadoso” pájaro, utilizó la cabeza de Mo para regalarle la digestión de su comida del mediodía… El olor era tremendo y en un primer instante se enfadó, al final terminó riéndose a carcajadas, estaba convencida que era la mano de la dueña de ese hermoso parque quien había guiado al pájaro hacía su cabeza, como queriendo dejar constancia de que ella seguía allí, aunque era mas que evidente.

 

Tenía que tratar de darse una ducha, pensó Mo, al día siguiente era viernes el día señalado, así que debía de espabilar y luego tratar de caminar un poco, pillar fuerzas, su artrosis y su osteoporosis la estaban hasta encorvando, pero ella quería seguir, caminar, sobrevivir y sobre todo pensar en el día siguiente en la ilusión que le hacía llegar a la casa de su íntima amiga en soledad.

 

Rosa, pasó a recogerla a las nueve en punto tal y como habían quedado, Mo se subió al coche con la mejor cara que podía mostrar, pero el dolor la estaba matando. Esperaba que los calmantes que se había tomado hacía media hora la ayudasen en su corto viaje, tan añorado y esperado.

El viaje sería corto en menos de hora y media estarían en Padrón y podría por fin cumplir su sueño.

Eran las once en punto de la mañana cuando llegaron a la Matanza, el lugar donde estaba situada la casa que la acogió durante una larga estancia y Mo estaba convencida de que en el momento que pusiera los pies dentro de ella, algo inusual, algo especial iba a suceder.

 

No se ven muchas visitas, dijo Rosa…

Mejor respondió Mo, mas para nosotros…

Rosa se rió, sabía que disfrutaría de la estancia y sobre todo de la cara de su amiga en cada rincón de la casa.

Fueron viendo espacio por espacio aquel lar antiguo, aquel fogón que tanto recuerdos le traía a Mo.

En casa de su abuela, durante muchos años hubo uno idéntico, con sus cadenas, su puchero, su trípode y mil horas al calor de aquel fuego, asando torreznos que goteaban en el trozo de pan de centeno y que tan buenos estaban.

Se sentía rara, muchos recuerdos, una casa de pueblo muy bien cuidada pero algo le faltaba, no sentía, no tenía esas cosquillas que suponía…

Ahí, ahí estaba, su habitación, típica estancia de la época, su mesita de escritura, su silla, su cama alta, rodeada de cordones.

Rosa iba tras ella, Mo se dio la vuelta y le pidió, déjame unos minutos sola por favor, deambula por ahí, pero necesito quedarme con su soledad unos instantes.

Era su día de suerte, no era muy normal quedarse así, no se lo pensó ni una sola vez, se sentó en su silla en la de la mesita que se suponía su escritorio, pero… nada ocurría. Su amiga Rosalía, la obviaba, no quería ser cómplice ni en su propia casa.

Se levantó admirando la preciosa cama, alta, muy alta, acordonada como era de esperar… Atravesó el cordón sujetó con fuerza la parte del pecho donde se suponía que estaba su corazón y se hundió en aquella cama, que la llamaba alto y claro. La cama de ella de su musa, de la mujer que la movía a escribir cada día sus vivencias.

Hola le dijo… Alguna vez has pensado que podríamos hablar tú y yo en esta cama?

Mo no era capaz de hablar, solo la miraba, como le sonreía con ternura, como queriendo decirle, mi vida no fue tan triste como siempre has pensado, algunas veces también me he permitido soñar.

Mo escuchaba y con la mirada le rogaba que no se callase, que siguiese hablando.

Soñé durante mucho tiempo en irme a América, donde tenía buenos amigos que se habían visto obligados por la necesidad, a irse. Valle Inclán, se escribía con mi marido Manuel, de hecho desde América le pedía ayuda con su primer libro, para que fuese el autor de su prólogo en el año 1893.

Manuel hizo mucho por Galicia, lucho con fuerza para que el gallego volviese a ser nuestra lengua. El soñaba con eso, ya mayor con 72 73 años no recuerdo muy bien, fundo la RAG la academia de la lengua gallega, como tú sabrás…

Mo asentía con la cabeza, no había dolor, solo Rosalía que dulcemente le hablaba a ella a la utópica….

Mis obligaciones, la universidad, mis escritos, mis cinco hijos, me impedían viajar cruzar el océano como era mi deseo, saludar a Valle y a un montón de emigrantes a los que les dediqué horas y horas en mis letras… Galicia ta pobre… A Habana me vou… Eu vou polo mundo…

 

Mo, le tapó la boca con dos dedos y le dijo, yo te llevaré. Cierra los ojos, escucha…

Nos vamos a Cuba en un carguero de un amigo de juventud que me debe un favor, tan solo tendrá que prestarnos un habitáculo, no necesitamos mucho mas y darnos algo de su comida. No será un viaje de lujo, pero llegaremos.

II

 

Salimos del puerto de la Coruña, eran las seis de la mañana, la niebla era espesa y casi se cortaba con cuchillo, mi amigo me miraba con cara de malas pulgas pensando en que nueva locura me habría metido, yo le sonreía, como diciéndolo venga, por los viejos tiempos… Quien sabe. Eso hacía asomar una pequeña llama a sus ojos negros hundidos en el paso del tiempo y en su piel marcada por los mares del mundo, en un montón de ocasiones.

 

Nos quedamos tranquilas en el hueco no muy grande que nos asignaron, una cama, un lavabo y un wc, una mesa una silla y un rancio olor, era todo nuestro mobiliario.

Ahora era Rosalía la de la cara de susto, pensó, se mareará, y como si leyese el pensamiento  dice, no, no estoy mareada, simplemente, estoy asustada, tampoco es que yo pensase en viajar en mis circunstancias.

Mo se reía, la verdad es que la situación no era ni medio lógica, pero ella no iba a desaprovechar una oportunidad como esa, la oportunidad de su vida, viajar a América con su musa y que en el viaje ella compartiera inquietudes, sueños y secretos para luego poder atesorarlos.

 

Llamaron a la puerta.

 

Adelante dije… Era Ramón mi amigo de años locos, traía una bandeja con unas tazas de humeante café y unos trozos de pan tostado caliente, que casi me hicieron abalanzar sobre él. No recordaba desde cuando no había comido.

Aquel trozo de pan caliente y aquel café sabían a gloria, estaba a gusto y Ramón ni se imaginaba quien viajaba conmigo, él no tenía ni idea de quien era aquella mujer discreta, de mirada triste y avispada a la vez, y con aquella ropa un poco pasada de moda.

Tampoco es que pensara darle explicaciones.

Bueno cuéntame Mo, en que lío te has metido para querer viajar a Cuba de esta manera como si no hubiese aviones rápidos y cómodos?

El mar amigo mío, la mar, o es que tú no puedes comprender lo que eso entraña?? Dime cuantas horas de viajes, cuantos misterios en su inmensidad, cuantas olas que te han sobrepasado en tantas ocasiones, cuantas zozobras, cuantas alegrías, y cuantas penas, cuantas ciudades visitadas y cuantos amigos que se han ido quedando en el camino.

Recuerdas lo que decía tu padre, la primera vez que fue a América? Los meses que tardó, la maleta que se perdió y el hambre que allí pasó, hasta que se tropezó con otro gallego que le echó una mano y a partir de ahí, dinerito que se enviaba cada mes para alimentar la casa de nuestras vivencias.

Se te ha olvidado eso Ramón?

Que dices?  Sabes que he consagrado mi vida a la mar, que no me he casado para no engañar a ninguna mujer, además con la única que me hubiese casado, no quiso, ( eso lo dijo echándome una ojeada de arriba abajo que casi me sube los colores ) así que aquí sigo, a mis cincuenta y muchos años viviendo como en el siglo XIX, pero haciendo realmente lo que quiero. Océanos, mares, mis países adoptivos y mi tierra gallega… Ciudadano de ultramar y de mis patrias.

Vale, vale, pues algo como eso queremos vivir mi amiga Ros y yo… Ella tiene una espinita clavada y yo me estoy sacando la que durante tantos años he llevado…

Ramón a donde nos dirigimos… dime?

Vamos derechitos a Cuba, no habrá paradas, estamos cargados hasta los topes, los marineros son avezados, llevan conmigo muchos años, es un viaje que hacemos al menos una vez al año, así que no tenéis nada que temer, salvo a las tempestades y al dios del mar, al que espero no le debáis nada.

 

No diré que el viaje no fue duro, porque no es así, pasamos frío, miedo, porque nos llevamos mas de un susto, con alguna que otra tempestad, pero también hubo muchas noches maravillosas, donde Rosalía me contaba vivencias, relacionadas con sus escritos, como habían surgido, que le había llevado a plasmarlos. Como en un principio su marido Manuel la ayudaba a ser alguien en el mundo de las letras, cosas sobre sus hijos, también sobre su eterna melancolía, cosas que yo no pensaba compartir, pero que cada vez me hacían sentir mas cercana a esa misteriosa mujer, si, porque a pesar de que compartía tantas cosas conmigo, ella era… Misterio.

Me atreví a preguntarle, has vuelto a escribir desde qué?

Jajaja… se rió alegremente. Desde qué estoy muerta ? 

No, ahora recito, voy recitando por los caminos, por los ríos, por los montes y ahora gracias a ti voy recitando al mar. Cosas que ya he escrito y cosas que me vienen a la cabeza… Es tanta su inmensidad, es tanto lo que nos ha dado y nos da. Tan solo espero que no se enfade un día de verdad con todos nosotros por todo lo que le vamos robando sin necesidad, porque si lo hace…

Ya no dijo más, se quedó callada y mirando hacia el infinito.

Mo, volvía a estar arrobada, pensaba igual que lo que ella siempre había pensado, que abusamos demasiado y que ojalá ni la tierra ni el mar nos devuelvan con enfado todo el daño que le hacemos, porque si lo hacen, poco quedará para contar.

Días y días de viaje, con zozobra, con ansias, con ganas, con el deseo de pisar América, esa tierra por la que mi musa suspiraba y que sin dudar quise pisar con ella, aunque no le pudiera contar a nadie esa vivencia, sería el único motivo que me mantendría en esperanza los años que me quedasen por vivir, si es que alguno quedaba.

Estábamos en la cubierta, serían algo mas de las doce del mediodía y asomó Ramón tan moreno él, tan atractivo todavía…

Mirar al horizonte…

Se veían montones de rocas a lo lejos, o eso parecían y él nos sacó de dudas. En unas tres horas estaremos en Cuba y ya derechos al puerto de la Habana.

Estábamos a punto de tocar con las manos nuestros sueños y pisarlos con nuestros cansados pies, sin prisa alguna, regocijándonos en la sensación de una utopía hecha realidad.

 

Sra, Sra, que hace, se ha vuelto loca???

Mo, Mo, Mo, despierta, pero que has hecho? Escuchaba de fondo.

Pero que sucede, que pasa ?

Abrí los ojos, allí estaba en la cama de ella, de mi amiga. Dos señores uniformados trataban de incorporarme con no muy buenos modos y mi amiga al otro lado del cordón tenía cara de angustia de preocupación real.

Me he dormido? Sigo aquí, no estoy en la Habana?

No dejaba de decir incoherencias…

Mi amiga me hacía señales para que cerrara la boquita, como con miedo a que me pusieran una camisa de fuerza.

Me desperté de golpe, me levanté muy digna yo y pedí mil disculpas. Me había mareado y no me dio tiempo mas que echarme en la cama dije con cara de dolor y de tristeza…

Lo siento, lo siento muchísimo de verdad.

Váyase, señora, váyase de aquí antes de que llamemos a la policía o mejor dicho a los loqueros. 

Volví a pedir mil disculpas, a lo que respondieron, está disculpada, pero no vuelva jamás por aquí.

Un último vistazo a la habitación y en aquella cama estaba reposando la silueta de ella de Rosalía, que con voz suave me dijo… Me quedo en la Habana por un tiempo… Te buscaré…

Olga.

Reservados todos los derechos.

CONTINUARÁ..

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~ por casal-casalita en 17/05/2014.

20 comentarios to “Mi pequeño homenaje a Rosalía de Castro. Día das letras galegas”

  1. Reblogueó esto en sara33iay comentado:
    Un relato muy vonito par el día de las letras gallegas. Y siedo ella la preimera.

  2. Qué maravilla, que talento. Esto sí es escribir, esto sí es musa e imaginación, esto es realmente digno del mejor escritor. Esto sí es hacerte viajar, imaginar y vivir en tu historia. Es realmente asombroso. Me enganchó, me sedujo, me fastidio ver el “continuara” porque me transporto a ese lugar. La descripción de cada uno de los sentimientos, detalles, imágenes, hicieron posible que yo estuviera allí. Realmente abrumador comprobar tu destreza al escribir. Un beso mi querida amiga y gracias por dejarme soñar por un rato, por este maravilloso viaje en el que se atisba una realidad escondida.

  3. Felicidades…

  4. Ojalá fuese buena Félix, me lo tendría que creer… Graciasss por tus palabras, de verdad.. Un beso y gracias por hacerme creer…

  5. Graciass.

  6. Estupenda patriarca de las letras gallegas y de las españolas de siempre; doliente mujer en su vida…
    Bien hecho, Casal.
    Mi buen abrazo.

  7. No es mi intención adularte, en absoluto. Te he dicho lo que de verdad siento y pienso. Creo que deberías creer en ti y no menospreciarte. Realmente tienes mucho talento y me duele profundamente que no te valores como debes. Insisto que no es regarte palabras bonitas, es una gran verdad aunque te niegues a verla. Está ahí y estoy seguro que muchos, cada uno a su manera te lo dirán. Un beso pequeña con todo mi cariño y mi respeto más sincero.

  8. Graciasss bichillo. Lo de bichillo es con cariño, que conste.

  9. Gracias de nuevo Al. Abrazo

  10. Oye, se me ha puesta la piel de gallina. Es tan sentido…

  11. Graciasss…

  12. Es precioso. ¡Que precioso!. Me ha encantado. Felicidades.

  13. Gracias

  14. Muy bueno tu homenaje. Felicidades.

  15. Gracias por estar ahí…

  16. :))

  17. Es un texto escalofriante por cierto que es tal cual la vida, actual ni más ni menos, me has puesto los vellos de punta, amiga mía tienes mucho talento para escribir.
    Un abrazo cielo

  18. Gracias preciosa, pero ya sabes el talento a veces sirve de bien poco… Sea como sea es algo que llena y con eso me doy por satisfecha si de paso a alguien le hace mover algo dentro, Entonces es felicidad..
    Aperta cheiña de agarimo

  19. Me ha dejado maravillado. Ya quisiera yo tener la habilidad para urdir una historia semejante. Aunque ya sabes que soy un poco piji-puntilloso con los detalles, tu historia me ha parecido estupenda, reuniendo todos los ingredientes (reivindicación, indignación, anécdotas cómicas que demuestran tu sentido optimista de la vida, aventura, pasión por la cultura) de un buen relato, además de un toque de misterio, tratado con una naturalidad y un cariño que lo hacen especialmente mágico.
    En resumen, te felicito.

  20. Mil gracias. 🙂

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